Muchas instituciones educativas funcionan sin planes formales, algunas de las razones:

  • Las instituciones jóvenes: Los directivos suelen estar tan ocupados que no tienen tiempo de hacer planes.
  • Las instituciones pequeñas: Los directivos piensan que sólo las grandes instituciones requieren planes formales.
  • Las instituciones maduras: Muchos directores argumentan que han podido funcionar bien sin planes formales y
    que, por ende, no son demasiado importantes.


Los directores quizá se resistan a dedicar tiempo a preparar un plan escrito; quizás argumenten que la realidad de nuestro país cambia con demasiada rapidez como para que los planes sean útiles.

 


Sin embargo, los planes pueden ofrecerle muchas ventajas a todo tipo de instituciones. Estos planes hacen que se piense sistemáticamente en el futuro. Obligan a la institución a afinar sus objetivos y políticas, permiten coordinar mejor las actividades de la misma y ofrecen normas claras para controlar el rendimiento.

 


El argumento de que la planificación es menos útil en un entorno cambiante no tiene sentido. De hecho, cabe decir justo lo contrario: una buena planificación permite que la institución anticipe y responda con rapidez a los cambios del entorno y que se prepare mejor para situaciones inesperadas.

 

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