Los directores quizá se resistan a dedicar tiempo a preparar un plan
escrito; quizás argumenten que la realidad de nuestro país cambia con
demasiada rapidez como para que los planes sean útiles.
Sin embargo, los planes pueden ofrecerle muchas ventajas a todo tipo de
instituciones. Estos planes hacen que se piense sistemáticamente en el
futuro. Obligan a la institución a afinar sus objetivos y políticas,
permiten coordinar mejor las actividades de la misma y ofrecen normas claras
para controlar el rendimiento.
El argumento de que la planificación es menos útil en un entorno cambiante
no tiene sentido. De hecho, cabe decir justo lo contrario: una buena
planificación permite que la institución anticipe y responda con rapidez a
los cambios del entorno y que se prepare mejor para situaciones inesperadas.